Como bien sabemos el cambio climático es unos de nuestros mayores problemas. Este blog tratará de enfocar sus diversas causas y a su vez, aportar algunas alternativas. En éste espacio concreto trataremos el tema del consumo de productos de procedencia animal y de la agricultura: hechos significativos ante el incremento de los desajustes ambientales.
Para entender mejor el problema que nos acontece sería buena idea hacer un breve viaje al pasado. Vamos a ver los distintos modos en que el Ser Humano ha conseguido sus alimentos y sus consecuencias:
HISTORIA DE LA ALIMENTACIÓN:
El Ser Humano necesita alimentos para sobrevivir al igual que el resto de los seres vivos. En los orígenes del hombre, cuando aun no disponía de técnicas de caza se alimentaba de restos de animales muertos y de plantas tales como bayas, hojas, raíces y frutos secos.



Una de las características del Ser Humano es su gran adaptabilidad al entorno, modificándola y sacándole el mayor partido posible, así ha ido innovando técnicas que le permitan una mayor comodidad y aumentando sus probabilidades de supervivencia. Pasó de ser cazado a cazador. En un principio se limitaba a utilizar como armamento los huesos de animales grandes, piedras o ramas de árboles caídos. Con el paso del tiempo aprendería a tallar la piedra, permitiéndole incrementar la eficacia de la caza, convirtiéndose la carne en su alimento predilecto.



Incluso en esta época temprana, el impacto del hombre en el ecosistema se hizo notar. Aunque algunos autores creen que ciertos grupos de cazadores se preocuparon por no agotar la caza, pero por desgracia habían otros muchos que cazaban de forma descontrolada, llegando incluso a extinguir varias especies de animales.
El descubrimiento del fuego es un factor decisivo en la evolución del hombre. Modificó el estilo de vida y a su vez sus costumbres alimenticias. A pesar de ello, las variaciones climáticas y el aumento de población obligaron al hombre prehistórico a dar un importantísimo paso.

Con la Era glacial la población de animales sufrió un declive, produciendo una escasez de alimentos cárnicos. Al tener que compartir sus alimentos con el resto de la comunidad en crecimientos, el Ser Humano se percató que podía almacenar distintos tipos de cereales como el trigo, la cebada, el mijo y algunas legumbres como garbanzos o porotos.
También descubrió que arrojando las semillas podía esperar a recibir sus frutos. Estos avances supusieron unos grandes cambios en la vida del hombre a nivel social. Pasó de ser nómada (típico de las sociedades de cazadores) a ser sedentario que promulgó una vida más familiar.
La domesticación de plantas y animales marcó el nacimiento de las aldeas, poblaciones humanas que oscilaban entre los 50 y 300 habitantes. Estaba conformada por distintos núcleos familiares, cada uno con su Dios domestico, su propio altar y un cementerio ya sea dentro o fuera del hogar. La agricultura rudimentaria permitió estos avances entre otros, pero también trajo consigo otras consecuencias tales como la división de trabajo, aunque en estados muy primitivos, basado más en edad y fuerza que por vocación.

En la aldea se constituyeron las costumbres que hoy en día rigen nuestras ciudades, aunque de forma muy elemental y dentro de su contexto histórico. Surgió la política, es decir, un pequeño consejo de ancianos que gobernaban las relaciones entre ciudadanos, marcando las primeras estratificaciones sociales. También se introduce el concepto de propiedad privada aunque las tierras y el ganado serían de propiedad colectiva.

Los avances tecnológicos, debidos probablemente a la división del trabajo mejoró de forma paulatina la forma de cultivar y recolectar los frutos de la tierra.
El sistema de cultivo era el de fuego y roza que consistía en quemar la tierra y luego despojarle de toda planta inútil para la producción de cereales (trigo, cebada, maíz, arroz, etc.). Este modo de cultivar (utilizado en algunos sitios incluso en los días de hoy) tenía un alto impacto en el ambiente, exterminando animales y gran variedad de plantas sin discriminación alguna.
A pesar que la agricultura y la domesticación de animales fueron un gran avance, los métodos de almacenamientos aun eran muy rudimentarios y las tierras estaban a merced de los constantes cambios temporales, dando lugar a años de malnutrición y manteniendo a su vez un índice de crecimiento máximo de población. Pero con la mejora tecnológica de dichos sistemas, la población empezó a crecer exponencialmente, dando lugar a las ciudades y civilizaciones antiguas.
HISTORIA DE LA ALIMENTACIÓN:
El Ser Humano necesita alimentos para sobrevivir al igual que el resto de los seres vivos. En los orígenes del hombre, cuando aun no disponía de técnicas de caza se alimentaba de restos de animales muertos y de plantas tales como bayas, hojas, raíces y frutos secos.




Una de las características del Ser Humano es su gran adaptabilidad al entorno, modificándola y sacándole el mayor partido posible, así ha ido innovando técnicas que le permitan una mayor comodidad y aumentando sus probabilidades de supervivencia. Pasó de ser cazado a cazador. En un principio se limitaba a utilizar como armamento los huesos de animales grandes, piedras o ramas de árboles caídos. Con el paso del tiempo aprendería a tallar la piedra, permitiéndole incrementar la eficacia de la caza, convirtiéndose la carne en su alimento predilecto.

Incluso en esta época temprana, el impacto del hombre en el ecosistema se hizo notar. Aunque algunos autores creen que ciertos grupos de cazadores se preocuparon por no agotar la caza, pero por desgracia habían otros muchos que cazaban de forma descontrolada, llegando incluso a extinguir varias especies de animales.
El descubrimiento del fuego es un factor decisivo en la evolución del hombre. Modificó el estilo de vida y a su vez sus costumbres alimenticias. A pesar de ello, las variaciones climáticas y el aumento de población obligaron al hombre prehistórico a dar un importantísimo paso.

Con la Era glacial la población de animales sufrió un declive, produciendo una escasez de alimentos cárnicos. Al tener que compartir sus alimentos con el resto de la comunidad en crecimientos, el Ser Humano se percató que podía almacenar distintos tipos de cereales como el trigo, la cebada, el mijo y algunas legumbres como garbanzos o porotos.
También descubrió que arrojando las semillas podía esperar a recibir sus frutos. Estos avances supusieron unos grandes cambios en la vida del hombre a nivel social. Pasó de ser nómada (típico de las sociedades de cazadores) a ser sedentario que promulgó una vida más familiar.
La domesticación de plantas y animales marcó el nacimiento de las aldeas, poblaciones humanas que oscilaban entre los 50 y 300 habitantes. Estaba conformada por distintos núcleos familiares, cada uno con su Dios domestico, su propio altar y un cementerio ya sea dentro o fuera del hogar. La agricultura rudimentaria permitió estos avances entre otros, pero también trajo consigo otras consecuencias tales como la división de trabajo, aunque en estados muy primitivos, basado más en edad y fuerza que por vocación.

En la aldea se constituyeron las costumbres que hoy en día rigen nuestras ciudades, aunque de forma muy elemental y dentro de su contexto histórico. Surgió la política, es decir, un pequeño consejo de ancianos que gobernaban las relaciones entre ciudadanos, marcando las primeras estratificaciones sociales. También se introduce el concepto de propiedad privada aunque las tierras y el ganado serían de propiedad colectiva.

Los avances tecnológicos, debidos probablemente a la división del trabajo mejoró de forma paulatina la forma de cultivar y recolectar los frutos de la tierra.
El sistema de cultivo era el de fuego y roza que consistía en quemar la tierra y luego despojarle de toda planta inútil para la producción de cereales (trigo, cebada, maíz, arroz, etc.). Este modo de cultivar (utilizado en algunos sitios incluso en los días de hoy) tenía un alto impacto en el ambiente, exterminando animales y gran variedad de plantas sin discriminación alguna.
A pesar que la agricultura y la domesticación de animales fueron un gran avance, los métodos de almacenamientos aun eran muy rudimentarios y las tierras estaban a merced de los constantes cambios temporales, dando lugar a años de malnutrición y manteniendo a su vez un índice de crecimiento máximo de población. Pero con la mejora tecnológica de dichos sistemas, la población empezó a crecer exponencialmente, dando lugar a las ciudades y civilizaciones antiguas.
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